Necedad puede ser tanto una mera anécdota como una categoría. Incurrir en una necedad es frecuente, por muy listo o inteligente que sea uno, pues por un lapsus mental, dejadez, falta de memoria, precipitación u otros factores, los límites lógicos en una situación dada para tomar una decisión o realizar una acción que no redunde en daño propio o de terceros quedan relegados. Independientemente del resultado de dicha decisión, favorable, indiferente o adverso, la necedad remite a lo incongruente o potencialmente dañino de dicha decisión, cuando una aproximación meditada, con la información expresa o tácita a disposición del sujeto en ese momento, a esa situación determinaría no tomarla o no ejecutarla en los términos elegidos.
Toda necedad es perjudicial en sí, incluso aunque sólo se formule, pero hay necedades intrascendentes en sus efectos, aunque no por ello profundamente estúpidas y reveladoras de incompetencia, es decir, de la falta manifiesta de recursos o conocimientos para abordar una situación.
La incompetencia en un puesto de responsabilidad puede derivar en males enormes, sin que las buenas intenciones, la bondad, la humildad, la empatía o la buena imagen tengan nada que ver en su desarrollo por parte del sujeto que la sufre y la hace sufrir a los demás.
A continuación, necedades e incompetencias no anecdóticas sino categóricas del paso por Rusia de nuestra selección:
0. Tras la destitución justificada de Lopetegui, elegir a Hierro antes que a Celades, seleccionador sub21 con pasado en RM y BCN que no había intervenido en el cese en ningún sentido, sin manifestarse a favor de Lopetegui para que siguiera como sí lo hizo Hierro, entrenador sin experiencia relevante ni conocimientos acreditados en alta competición, cuando era lo lógico correr el escalafón.
0. Una vez elegido Hierro, éste toma una serie de decisiones necias que remiten a un estadio superior de incompetencia, como son básicamente: mantener a De Gea contra la percepción universal ( prensa, afición y compañeros) de que no estaba capacitado psicológicamente para soportar la presión de la portería española y la constatación empírica de que no paraba nada (sin cambiarlo siquiera antes de los penaltis en octavos reservando un cambio); hacer caso omiso de las sugerencias de los jugadores más veteranos y laureados para jugar con Aspas en vez de con Costa, que ya supuso abandonar por la puerta de atrás el mundial de Brasil, siendo el campeón anterior; prescindir del sistema de falso nueve con el que España no ha perdido nunca ni en partido oficial ni amistoso contra la experiencia histórica y la más reciente ( 3-0 contra Italia en fase de clasificación y 6-1 contra Argentina en amistoso); prescindir de la información a su disposición sobre este aspecto último, que es absolutamente clave, como reveló el diario argentino Clarín en una recension excelente de la trayectoria de juego española desde 2008 a 2012 y lo que pasó después para que ya no hayamos competido a buen nivel; olvidar primar la rapidez en la circulación de la pelota sobre la conducción y el cortocircuito que provocó Isco en todos los partidos de la fase final.

Necedad e incompetencia son estadios que pueden ser permanentes, si uno no aprende ni quiere aprender de sus errores, ni formarse para evitarlos.

 

Este artículo es obra de nuestro amigo el jurista Javier Satué, coautor de «Fútbol 2.0. ¿El ocaso del paleofútbol?”.